12:00 The kingdom of Selene
Y frente a las estrellas, un vasto espejo de agua aparece. Cada lucero entonces comparte un gemelo perfectamente por debajo del mismo. En el medio, la luz menguante de Helios remarca una línea que separa por meros segundos las dos visiones. Veo una majestuosa figura emerger del lago cubierta por un traslúcido manto blanco. Su rostro, cubierto por formas que no tengo la memoria para recordar, ni el corazón para describir.
La figura levanta su máscara hacia mí. A pesar de carecer ojos, sé que me observa fijamente. A pesar de carecer labios, sé que me habla. A pesar de carecer oídos, sé que me escucha. Decir que estoy paralizado implicaría una falta de consentimiento a todo lo que ocurre. Quiero estar con Selene, quiero que me guíe y disfruto de sus insonoras palabras. Me siento calmado en su presencia incluso cuando realiza una metamorfosis grotesca al desprenderse de su manto, que ahora se hunde en el lago.
Es ahora tiempo del reinado de Selene. La Reina Selene: Majestuosa, perfecta y tan brillante que me enceguece observar su tierna mirada. La hermosa madre de la noche me señala los luceros que ahora reconozco. Son todos sus dedos. Con cada una de las estrellas Selene nos palpa suavemente, y de manera tan cuidadosa que apenas nos logramos dar cuenta. Se siente bien. Mientras mis nervios se disuelven en el mar de un etéreo masaje, Selene cambia una vez más.
Me doy cuenta de que el destello de su máscara es tan sólo una ilusión causada por su cabellera. Su rostro es realmente una sombra. Mientras mi vista se agudiza, un pensamiento macabro se desliza desde mi mente hacia mi columna, donde me logra estremecer. Selene me aclara entonces que las estrellas no son sus dedos. En cambio, son sus hijos. Cada uno de ellos muerto, colgado sobre el eterno vacío como una exhibición de lo fugaz que suele ser la vida, incluso para un astro.
Selene entonces termina de esconder su cabellera, humillada detrás del vació que ella misma representa. Ahora hay un agujero en el firmamento, lo cual me permite ver con mayor detalle las estrellas: Son lágrimas. Son el sufrimiento cristalizado. O quizás no. Quizás son todas las cosas que vi en Selene mientras reinaba. Recibo un dulce susurro una vez más en el oído: Las estrellas son tan cambiantes como Selene misma. Y merezco conocerlas. Eso me dice Selene mientras se esconde una vez más.

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