The heron and the vulture

 Me cuesta un poco de trabajo aún reconocer el propósito de este blog/diario/antología. Sólo sé que en esta despejada noche, debo contarles una historia. Un cuento para dormir, si así lo prefieren llamar.

Una garza y un buitre se sentaron en la rama de un árbol a hablar, acerca de la vida, acerca de sus dietas, acerca de cómo la garza no come animales después de haber muerto. "Está tratando de cuidar su figura", dice.

- Y por eso es que deberías tratar de comer pescados vivos cuando pases por el río - Aseguró con confianza el ave blanca.

- … Espera. ¿Cómo estás hablando?

- Con el pico, supongo yo.

- Eres una garza. Las garzas no hablan.

- Hablamos, - explicó- cuando la ocasión lo amerita. Con amigos, con familiares, con seres queridos.

- ¿Qué es un ser querido? -Interrumpió el ave carroñera, habiendo visto sólo otros buitres tratando de arrebatar su comida, haciendo sus mayores esfuerzos por ser los primeros en llegar al cadáver, siempre-

- Bueno... Eso está un poco abierto a interpretación. ¿A quién se quiere más? ¿A una hermana, a una amiga, a una madre, a una esposa o a una hija? Es una pregunta demasiado debatida. Y aún así, me atrevo yo a decir que no hay manera en el mundo de comparar ninguno de los afectos dados a esos títulos. Y aún así, mi querido buitre, pienso yo que son todos seres queridos.

-Vale, pero... Aún no tengo puñetera idea de qué me dices.

- Imagínate lo siguiente. Tienes una gran fortuna, pero al morir, deben dividirla entre todas las personas que amaste al final de tu vida. ¿A quién sería justo darle una porción más grande? ¿A quién sería justo darle la menor porción? ¿Sería entonces lo mejor, darle una igual porción a quién te acompañó por 10 años, y a quien te acompañó por 10 días? ¡No existe manera de que todos queden contentos! Así mismo, es injusto llamar a unos seres queridos y a otros no, en simples términos de quiénes llevan más tiempo con nosotros, o quiénes nos proveen una mayor ventaja. Si todos son mis seres queridos, nadie realmente lo es. Y si tan solo un pequeño grupo de personas son mis seres queridos, ¿Qué hay de los otros?

- Eso lo entiendo. Aún sí... -Respiró profundamente el buitre antes de estallar de la ira- ¿Qué carajos me dices? Hablas de familias, de amigos y de amantes, de fortuna, de vida y de muerte, de política, de sociedad, de cultura y del bien vivir, de no comer esto y de comer aquello, de hacer esto y dejar de hacer lo otro, y para mí, ¡Nada de eso importa! ¿Sabes qué sucederá cuando yo me muera? ¡La fortuna será para el primero en llegar!

Tratando de mantener una conversación civilizada, la garza pretendió no sentirse increíblemente ofendida por este comentario. Respiró por un par de segundos, se recompuso, y siguió.

- Te digo que nada más te va a importar mientras sólo pienses en qué comerás hoy. Te digo que mientras comas cadáveres, un cadáver permanecerás. Y te digo que mientras te rodees de buitres, como un buitre pensarás. Y hasta que soluciones eso, mi querido amigo, nada de lo que te diga va a tener sentido.

- Raaaaghhaghrrhrghghaaaaa

-¡Guaaa! ¡Guaaa!

- ¡¡¡¡¡Raaa raa raa!!!!! HRahgarghargaraghrgah RAAAAAA RAAAA RAAAAA

- GUAAA GAA GAAH GAAAHHHHH

- Chip, chip - Cantaban pacíficamente los ratones, antes de ser devorados por la garza, y despojados de su carne por el buitre. Los ratones habían ingerido veneno. Todos, junto a la garza y el buitre, murieron.





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