04:00 The cosmic bestiary

 El olor pútrido del santo cadáver no me detuvo a abrir el ataúd. El trabajo no fue fácil. Primero tuve que empujar toda la ornamentación que encima se encontraba, dejando caer la pesada cabeza metálica y todas las ramas que habían ubicado de manera decorativa. Un par de minutos estuve levantando el lado equivocado del ataúd, pensando que era sencillamente muy pesado. Luego de posicionarme correctamente, logro quitar las trabas de la tapa y la levanto. Dentro, la musculatura compleja ha sido rebanada y doblada hacia los lados para formar lo que sólo puede ser descrito como una flor de carne y vísceras. Debo admitir que al destapar el cajón de intestinos, pulmones y sangre, imagen por sí sola es suficiente para hacerme tropezar y vomitar en un arbusto cercano. Una vez superada la impresión, logro observar algo peculiar dentro del ataúd, dentro del torso. 

Una simple orquídea estaba creciendo en donde el corazón una vez estaba. Una orquídea azul que yace hermosa y saludable dentro de los desagradables restos. Dentro de la orquídea, se encontraba una abeja, que inmediatamente noté salir volando; seguramente a polinizar más orquídeas, de otros ataúdes, con otros cadáveres. Debo decir que la abeja era algo más que una abeja. Una abeja fractal, una abeja infinita. En lugar de un solo par de alas, contenía un infinito flujo de alas que se movía de adelante hacia atrás. El amarillo y negro de su torso se mezclaba entre sí, como si algún travieso pintor hubiera movido sus líneas bien definidas con un pincel. Ahora me quedo de nuevo con la vista de esta orquídea. El Impulso volvió a mí como un fuerte escalofrío, tomando control completo de mis huesos, mis músculos, mi voluntad. Debía tomar sólo un pétalo de la orquídea, y posarla sobre mi lengua.

En el momento preciso en el que puse uno de los pétalos de la orquídea en mi boca, esta comenzó a brillar en un leve tono azul. A todo mi alrededor, miles de orquídeas empezaron a brillar de la misma manera, revelando un tupido bosque que antes no pude ver. Las orquídeas surgían de los árboles, del césped, de las grietas entre las rocas. Lo que podrían haber sido dos horas, dos días o dos años de oscuridad habían dejado mis ojos terriblemente sensibles. La luz de las orquídeas era tanta que iluminaba perfectamente toda la escena, incluyendo la larga caminata desde la terrible catedral que ahora parecía pequeña. Me estaba encegueciendo. Tuve que poner mi brazo derecho sobre mis ojos para protegerlos, mientras me apoyaba sobre una de las paredes del ataúd, intentando superar la inmediata incomodidad. Tomé un descanso. Al abrir los ojos, tan sólo encontré terror: Las entrañas se movían.

Tal vez era efecto de la orquídea, o tal vez la criatura aún mantenía un poco de autonomía incluso luego de ser profanada. Quizás el pétalo era uno de sus nervios, y arrancarlo representaba tan dolor como el de arrancar un pedazo de su alma, o lo que quedara de ella. En todo caso, el corazón palpitaba de nuevo. Un fuerte temblor movía mi cuerpo, podía escucharlo latir en mis oídos. Los pulmones respiraban. De repente, una corriente de viento fuerte me empujó contra el exterior del ataúd. La orquídea empezó a florecer incontables veces, dejando cientos de pétalos brillantes volar alrededor mío y generando una melodía con el viento como si de un complejo instrumento se tratara. Reitero. Las entrañas se movían. Mientras lo hacían, sentía como un incesable flujo de información entrara segundo por segundo a mi cráneo. Estaba siendo iluminado. La deidad muerta me contaba su historia.

El universo es un cadáver. Ya vivió todo lo que tenía que vivir, ahora sólo le resta descomponerse. Lamentablemente, estamos tan separados de él como un cuervo está separado de la carroña. Todo lo que está muerto en el universo es eso, muerte. Así mismo, todo lo que se encuentra vivo sólo trata de exprimir lo que queda de lo muerto. Tan sólo somos diferentes gusanos tratando de aprovechar lo poco que queda. Diferentes tipos de bestias. Las entrañas de aquel dios terminal me revelaron entonces el bestiario: Una enciclopedia interminable con el destino de toda entidad que tuvo algún día el privilegio de existir pasó en frente de mis ojos. Tardó una eternidad, pero al terminar comprendí que la vida es sólo lo que queda. La vida es terminar la historia sólo para mirar con desafío el punto final y decidir que hace falta una página más. La vida es un acto de rebeldía contra el verdadero Dios: La muerte.

El universo es una mente. Piensa, y al pensar crea todo lo que existe. Lamentablemente, comienza a olvidar todo lo que fue. En la cúspide de su juventud era increíble, pero ahora los pensamientos se repiten como un disco averiado. Todo lo que queda son memorias perdidas, y todo lo que se encuentra vivo hace su mayor esfuerzo por crear de nuevo. Por pensar de nuevo. Tan sólo somos neuronas cargándonos brutalmente de energía, estallando las unas con las otras intentando sentir algo nuevo. El corazón de aquel demonio despedazado me reveló entonces el autómata: Una máquina conectando todas las neuronas perdidas, todos aquellos seres haciendo su mayor esfuerzo por vivir. Tardé un fragmento de segundo en su interface, pero comprendí que la vida es vida sólo por aquellos seres que se convencen a sí mismos de estar vivos. La conexión entre ellos existe. Las almas son todas una.

La descripción propia del universo no me dice nada. Mi consciencia viaja a través de largas corrientes y recorre los extremos y el corazón del cosmos. Es imposible definirlo. Recuerdo las cálidas palabras de la madre Selene, que ahora recorren mi columna como frías navajas. Es cambiante. Todo cambia. No hay una deidad que controle todo y a la vez todas las entidades controlan todo. Una roca levantándose en un terremoto aquí, provoca la muerte de un millón de estrellas por allá. Quizás es la cadena invisible de cosas que las conecta lo que define el universo. Pero es eso: invisible. Por lo menos lo es hasta que que la misma bestia que me guía me fuerza abruptamente a abrir los ojos, realmente a abrirlos. Ahora lo veo todo. Veo las cadenas tirar de todos los seres, yo incluido. Es una vasta red de acción y reacción. Es una telaraña tejida por la diosa arácnida de infinitas patas. Aquí, poseía rostro de conejo.

Y, ¿Qué hacer con un modelo tan simplísimo de la realidad? Expandirlo. Ya no hay voz guiándome. Ahora yo soy la voz. Abrir la ventana del universo y salir en cuclillas es tan solo una menor inconveniencia. Ahora puedo ver el universo desde otra perspectiva. El universo del conejo. Justo al lado, el universo del búho, el universo del zorro (Al menos como fueron nombrados por aquellos bizarros sacerdotes). Todos con sus monumentales complejidades. Versiones de mi consciencia se expanden a través de una red de seis dimensiones. Cada universo tiene su propia deidad, su propio dios. Pero es un dios ciego, pues ignora la existencia de los demás y se jacta de ser el mayor, el más poderoso en un lienzo que retrata los mismos eventos como si de una imprenta defectuosa se tratara. En infinitas realidades, todos están igualmente erróneos e igualmente acertados en creer ser diferentes.

El lienzo forma una imagen. Una hermosa imagen con colores que lógicamente no podrían encontrarse en un único universo. Colores que enloquecerían desde el más débil de los plebeyos hasta el más poderoso Rey. La imagen cambia con cada maldito segundo. Se convierte en una mancha. Ni siquiera estoy seguro si mis pupilas persisten entre la locura que toma lugar frente a mis ojos. Ni siquiera sé si yo estoy presente. Para presenciar aquel valle de luces y sombras es necesario que exista entonces una dimensión adicional sólo para acomodar mi existencia, y eso implicaría que no estoy sólo en este lugar. Alguien más observa. Alguien más creó todo esto. Esta otra 'entidad' escucha mi pensar desde mucho antes de pensar esto. Es entonces cuando por fin logro mirar en los ojos a quien está detrás de todo esto. Por supuesto, todo esto es un sueño, ahora lo veo. El verdadero rostro de Selene. Desenmascarada.



Comentarios

Entradas populares de este blog

The Filthy Tale from the Sky-Ground

12:00 The kingdom of Selene

Telepathic.