05:00 The cosmic automaton

 No quiero que sea solo un sueño. Selene lo sabe bien, me conoce, conoce mis intenciones. Mis alegrías y mis más profundos dolores. Selene es la que me da comodidad en las más frías de mis noches, y me estremece cuando necesito estar alerta. Tantas realidades, tantos tiempos, tantas almas de las qué preocuparse, pero para Selene soy importante. El infinito lienzo de realidades forma una imagen abstracta e inconfundible en iguales proporciones. Es la imagen del amor. Es la imagen de la vida, resurgiendo en la forma de un nenúfar en medio de un charco en un desierto. Todo lo que existió, existiría, existirá o existe está sincronizado de una manera que siendo tan natural, sólo puede ser el producto de algún perfecto artífice. Todo forma un perfecto autómata cósmico.

Me fascina la manera en la que la diosa de la noche puede cambiar la escena tan fluida y tan cariñosamente. Tantos colores se disipan delicadamente en el reflejo de un lago. Se me hace familiar. Ha sido un largo camino. Uno por el que abandoné lo que significaba ser... Yo. El lago me recibe con aguas tibias, alentándome para recostarme y detenerme a ver el paisaje. Los universos dejan de ser universos. Flotan, como polillas, y me iluminan el rostro. Son estrellas de nuevo, excepto que ahora bailan. Tal como aquellos rituales paganos, las estrellas se toman de las manos y bailan en círculos alrededor de Selene, quien se ve más hermosa que nunca: Eterna, inmutable, desafiando su propia naturaleza. La reina decide hablar una vez más, quizás para tranquilizarme, quizás para alertarme.

Esta aventura, como cualquier otra, debe llegar a una conclusión lógica, temática y real. Este fantasma que ahora soy, este lienzo en blanco que una pasada consciencia ahora habita, debe regresar a aquel suave ataúd de algodón. Volver a esa imperfecta representación de lo que ahora soy. A ese... Humano. Lleno de dolores mucho más reales, de inseguridades, y con ambiciones más pequeñas. La idea de volver a ser físico y no conceptual me repugna. Es sencillamente desagradable. Como una idea puedo desplazarme a ciudades interminables, oscuras catedrales llenas de misterio. Puedo mirar a extrañas deidades a los ojos sin reaccionar en absoluto. Puedo escuchar sus historias. Como un ser 'vivo', estoy atado a volver exactamente a donde un triste día empecé mi jornada: Al polvo.

Selene insiste que mi felicidad la encontraré allí, no acá entre las estrellas, no presenciando el infinito baile de las realidades. Sus tiernas palabras me queman el corazón. Tan sólo le suplico un momento más a su lado. Un momento más en el que en sus ojos pueda ver infinidad de sueños. Selene accede, puedo sentir así mismo el dolor en su corazón. No es una labor fácil atender a cada alma perdida, mostrarle un infinito cariño y revelarle los secretos de la vida, sólo para forzarse a quitárselos. La misma pesadilla, todas las malditas noches. Puedo notarlo en su etérea voz, Selene está cansada. Selene desearía poder pasar un sólo día en el mundo de los vivos, en el mundo donde los recuerdos existen. Selene desearía no soltar mi mano cuando abra los ojos. Los ojos de verdad. Yo también desearía tenerla a mi lado al abrirlos. Lloro.

Durante mi llanto, noto una masa cálida y peluda subir a mi pecho y reconfortarme. Es un conejo. No uno deforme, no uno muerto, ni siquiera uno muy bien cuidado. La criatura pálida mira adentro de mi alma con sus ojos irritados. Me inspira una extraña calma. Lo cierto es que tampoco puedo ofrecerle mucho a este lugar sin ser yo. Cada vez que vengo a este lugar pierdo todo sentido de lo que soy, y eso no es justo. El conejo recuerda la masa de carne y hueso que dejé atrás. Con la mirada me lo dice, recuerda mi nombre. Aún así, esta criatura me permite un par de minutos más con Selene sin tener que recordarlo. El conejo recuerda todos mis errores, mis momentos más felices, mis momentos más tristes. El conejo recuerda los nombres de todas las otras almas que ahora no hacen parte de mi existencia.

Selene me lo insiste, me lo ruega, me lo implora. Debo abrir los ojos. No porque quiera que me vaya. No porque no desee tenerme aquí indefinidamente. Selene quiere que abra los ojos para poder recordarla. Selene quiere que abra los ojos para que exista alguna especie de constancia acerca de su existencia en el mundo de los vivos. Ella no puede acompañarme, pero lo anhela desde lo más profundo de su corazón, puedo sentirlo. Supongo que es sólo justo para ella. Debo intentarlo. Debo recordar. Su nombre: Selene. Su belleza: Incomparable. Su historia, la historia de todo y de todos. Cómo me mostró las estrellas, las libélulas, las orquídeas, las llamas de un dios caído... Debo recordar. Su propósito, el de guiarme, su deseo, el de habitar aunque sea por un segundo el espejo de esta realidad. Debo recordarla.



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